viernes 29 de junio de 2018

Hacia un mundo posible

— I think there’s just one kind of folks. Folks.

Har­per Lee, To Kill a Moc­king­bird

En el mun­do en que vivi­mos, lleno de vio­len­cia de todo tipo, terror a la muer­te, des­co­ne­xión inter­per­so­nal fuer­te­men­te impul­sa­da por las lla­ma­das tec­no­lo­gías lige­ras, espe­cia­li­za­ción sal­va­je, racio­na­li­dad exa­cer­ba­da, exal­ta­ción del Yo e indi­vi­dua­lis­mo lle­va­do al extre­mo, es nece­sa­rio empe­zar a parar, tomar­se un tiem­po y refle­xio­nar cam­bian­do la mira­da hacia el otro, hacia el ser humano en gene­ral y en defi­ni­ti­va hacia el mun­do.

Sufri­mos un cons­tan­te bom­bar­deo mediá­ti­co basa­do en la ase­si­na­bi­li­dad, en el valor nulo de la vida, nor­ma­li­zan­do las masa­cres en Siria y gue­rras des­co­no­ci­das en Occi­den­te, los millo­nes de refu­gia­dos que huyen de gue­rras mise­rias y ham­bru­nas, aho­gán­do­se en el mar aban­do­na­dos por los esta­dos y con­glo­me­ra­dos de esta­dos, la vio­len­cia de todos los tipos y en todos los ámbi­tos, espe­cial­men­te con­tra la mujer y la infan­cia.

El ser humano actual sólo se mide en fun­ción de don­de vive y cuál es su eco­no­mía. Pala­bras como espe­ran­za, vida, amor, cui­da­dos o cari­ño han per­di­do todo su valor. El sen­ti­do de la vida y como vivir­la se han con­ver­ti­do en un bucle repe­ti­ti­vo, de casa al tra­ba­jo, del tra­ba­jo a casa sin mayor sig­ni­fi­ca­do. Inclu­so bus­ca­mos ese sig­ni­fi­ca­do fue­ra de noso­tros, ya sea median­te la reli­gión —todo está pre­de­fi­ni­do y pla­ni­fi­ca­do por una enti­dad supe­rior inefa­ble omnis­cien­te y no pode­mos más que tener fe— o la cien­cia abso­lu­tis­ta para la que ser humano sig­ni­fi­ca xy por­que la cien­cia así lo indi­ca, está en tus genes, en tu ADN o en lo que en ese momen­to sea váli­do y acep­ta­do.

Millo­nes de per­so­nas en todo el mun­do —espe­cial­men­te del géne­ro feme­nino— dan lo mejor de sí mis­mas para poder ayu­dar a otros, ponién­do­se en su piel de la mejor mane­ra que saben, pero qui­zás sea la hora de pro­fun­di­zar en estos cui­da­dos dotán­do­los de un pen­sa­mien­to, por qué cui­dar, como cui­dar, dado que, al fin y al cabo, cui­dar a otro es cui­dar­nos a todos. Fren­te a las voces que nos indi­can el camino úni­co irre­nun­cia­ble y pre­de­ter­mi­na­do, es nece­sa­rio abrir­se a la visión de otros, defi­nien­do el camino en con­jun­to, bus­can­do una nue­va teo­ría de cómo vivir la vida. Fren­te a la cer­te­za de algu­nos siguien­do un camino úni­co, pode­mos ele­gir la posi­bi­li­dad ele­gi­da y bus­ca­da en con­jun­to.

Cuan­do cam­bias la mira­da hacia el otro, bus­can­do lo mejor de él o ella, acep­tan­do sus erro­res y vir­tu­des, bus­can­do el acer­ca­mien­to en base a pun­tos comu­nes, cam­bias lo que eres y al hacer­lo cam­bia lo que el otro pien­sa que eres, y final­men­te se pro­du­ce un peque­ño cam­bio en el mun­do, bus­ca­do, inten­cio­na­do y pen­sa­do. Entre todos. Sin tute­las ni fron­te­ras.


Nota: Este tex­to es una refle­xión per­so­nal y está ins­pi­ra­do en algu­nos de los temas tra­ba­ja­dos y teo­ri­za­dos por la Corrien­te Huma­nis­ta Socia­lis­ta y en con­cre­to los ami­gos de Socia­lis­mo Liber­ta­rio en Madrid

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