miércoles 6 de abril de 2016

Memento vivere

Caer en un silen­cio pro­fun­do e inti­mis­ta oyen­do el can­to gre­go­riano, exta­siar­se con las poli­fo­nías rena­cen­tis­tas que nos ele­van más y más, pue­de que inten­tan­do que vea­mos el esplen­dor de la crea­ción des­de la altu­ra y la lige­re­za de sus rose­to­nes poli­cro­ma­dos, que pola­ri­zan la luz dan­do un bro­cha­zo de aire fres­co a la sobrie­dad medie­val.

Las trom­pe­tas, triun­fan­tes y glo­rio­sas, anun­cian la ober­tu­ra del Orfeo de Mon­te­ver­di, la ale­gre y bucó­li­ca pri­ma­ve­ra de Vival­di pre­ce­de a una impe­tuo­sa tor­men­ta de verano. Las intrin­ca­das y suge­ren­tes obras de Bach, fáci­les al oído y de una sutil com­ple­ji­dad, nos hablan de sis­te­ma­ti­zar y orde­nar, de hacer fácil lo difí­cil y, la mayo­ría de las veces, de una bús­que­da de la trans­cen­den­cia. La ele­gan­cia y melan­co­lía de Pachel­bel cal­man nues­tro espí­ri­tu. El glo­rio­so Halle­lu­jah de Hän­del, tan­tas veces escu­cha­do nos trans­por­ta a mun­dos de éxta­sis y luz infi­ni­ta.

El genio per­fec­to de Mozart, nos divier­te con su peque­ña sere­na­ta noc­tur­na, una tra­ve­su­ra diver­ti­da, nos abru­ma y sobre­co­ge con su Réquiem ape­nas ter­mi­na­do y, sin embar­go, tan per­fec­to que due­le el cora­zón. El genio esfor­za­do de Beet­ho­ven, tachan­do y rees­cri­bien­do furio­so, sudan­do cada nota, melo­días que al final ya sólo oía en su men­te. Su nove­na sin­fo­nía anun­cia un roman­ti­cis­mo inci­pien­te.

Cho­pin nos enamo­ra y nos sedu­ce en noches de insom­nio y luna nue­va. Tchai­kovsky nos trans­por­ta a la madre patria, y nos sor­pren­de con temas de una moder­ni­dad sor­pren­den­te mez­cla­da con los soni­dos más clá­si­cos. Listz nos lle­va entre lo oscu­ro y la luz de la maña­na, como un tobo­gán ver­ti­gi­no­so, entre gra­ves, agu­dos y tem­pos de todo tipo.

Comien­za un nue­vo siglo, el XX. La músi­ca, tan­tas veces teo­ri­za­da y revi­sa­da, revien­ta en peda­zos. Dode­ca­fo­nías, micro­to­nos, mini­ma­lis­mos, inten­tan hacer dar­le la vuel­ta a todo lo esta­ble­ci­do. John Cage ata las cuer­das de su piano, Ste­ve Reich inter­pre­ta patro­nes sin fin. Con la nue­va indus­tria, la nue­va cien­cia, se elec­tri­fi­can los ins­tru­men­tos y se sin­te­ti­zan nue­vos soni­dos.

Comien­za el boom de la músi­ca del pue­blo y para el pue­blo, de las work song de los escla­vos algo­do­ne­ros afro­ame­ri­ca­nos sur­ge el pri­mi­ti­vo blues des­ga­rra­do como su nom­bre, y de ahí las dife­ren­tes fami­lias del rock.

Des­cen­dien­tes de sus des­cen­dien­tes, mar­gi­na­dos por su color de piel, ensa­yan y tocan en loca­les de los subur­bios “músi­cas de negros” rom­pien­do reglas y mol­des, Se ini­cia el Bebop, los comien­zos de un jazz can­sa­do del Swing y las Big Band de la post­gue­rra. Rit­mos cada vez más con­vul­si­vos y asin­co­pa­dos se con­vier­ten en obras maes­tras genia­les. Hard Bop, Free Jazz, avant‐garde aumen­tan la com­ple­ji­dad de los soni­dos has­ta el infi­ni­to.

Para los oídos más con­ven­cio­na­les, dece­nas, cien­tos de gru­pos pop sue­nan en las prin­ci­pa­les cade­nas de radio, rit­mos fáci­les, sen­ci­llos para sim­ple­men­te dis­fru­tar pasan­do el rato. Olvi­dar los oscu­ros recuer­dos de la gue­rra y la post­gue­rra, el ham­bre y la muer­te. Bai­le, cor­te­jo y son­ri­sas.

A cada acción le sigue una reac­ción. Al cada vez más sim­ple pop se opo­nen los pri­me­ros esbo­zos del punk, —rebel­día por todo y ante todo, cues­tio­na­mien­to del sis­te­ma y de sus bases, de la opre­sión, de la desigual­dad— y del metal, dis­tor­sio­nan­do al máxi­mo el soni­do de las gui­ta­rras.

La músi­ca es un ente vivo, la músi­ca evo­lu­cio­na tal y como evo­lu­cio­na nues­tra his­to­ria, como evo­lu­cio­na el ser humano.

Recuer­da: Estás vivo.

3 Comentarios a “Memento vivere”

  1. Francisco «Torpeyvago»

    Impre­sio­nan­te sin más. Me lo que­do como resu­men de His­to­ria de la Músi­ca. Y para recor­dar­me que la Músi­ca es otro de mis flui­dos vita­les.

  2. Luna Paniagua

    Sen­sa­cio­nal, toda una lec­ción de músi­ca y una escri­tu­ra per­fec­ta.
    (Tam­po­co he encon­tra­do el modo de seguir­te…)

  3. admin

    Muchí­si­mas gra­cias! Tie­nes toda la razón, a ver si cam­bio un poco el blog y lo hago un poco menos anaco­re­ta… Un abra­zo!

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