jueves 8 de octubre de 2015

¿Decadencia o dignidad?

La huma­ni­dad está san­gran­do. Un rio de per­so­nas, cien­tos, miles, cien­tos de miles, huyen de sus regio­nes, les masa­cran, bom­bar­dean sus hoga­res, gasean sus ciu­da­des, les matan de ham­bre sin tra­ba­jo, sin futu­ro y sin espe­ran­zas. La huma­ni­dad está san­gran­do.

La huma­ni­dad llo­ra. La cuna del mun­do, Áfri­ca, hace siglos que está sien­do expo­lia­da, y aho­ra, Orien­te Medio, la cuna de las gran­des civi­li­za­cio­nes se ha con­ver­ti­do en un pol­vo­rín, un horri­ble cam­po de bata­lla entre rui­nas de monu­men­tos de 4000 años de anti­güe­dad, ciu­da­des anti­guas como el desier­to con sus edi­fi­cios par­ti­dos por la mitad por obu­ses indis­cri­mi­na­dos. La huma­ni­dad llo­ra.

Un gigan­tes­co e impa­ra­ble tsu­na­mi de seres huma­nos nos pide ayu­da. Son per­so­nas como noso­tros, con nom­bre, ami­gos, fami­lia, y dig­ni­dad, dig­ni­dad para no dejar­se masa­crar, no dejar­se bom­bar­dear, no dejar­se gasear, no dejar­se morir de ina­ni­ción.

Cada fami­lia con su fami­lia, cada ami­go con sus ami­gos, nos piden, nos rue­gan, que no les deje­mos morir, cada uno en su idio­ma, ára­be, far­si, dari, inglés, fran­cés. ¡No dejes que mue­ra!

Enfren­te, la gran Unión Euro­pea, se qui­ta la care­ta, el pre­mio Nobel de la Paz es inca­paz de reac­cio­nar ante esta lec­ción de vida y sed de vivir. El mie­do a per­der lo que tie­ne, a per­der una peque­ña par­te de su modo de vida, lo inun­da todo. Una reunión tras otra. Decla­ra­ción tras decla­ra­ción. Y mien­tras cien­tos de miles de per­so­nas reco­rren 5 o 6 paí­ses a pie en bus­ca de una vida mejor. Miles de per­so­nas son apa­lea­das y empu­ja­das como ani­ma­les entre reunión y reunión. Embu­ti­das en tre­nes y nume­ra­das en la muñe­ca casi como hace 70 años.

Bajo el chan­ta­je del per­jui­cio eco­nó­mi­co, de la «iden­ti­dad cris­tia­na» de Euro­pa, de «la uni­ci­dad étni­ca», de la «segu­ri­dad común ante yiha­dis­tas infil­tra­dos», dejan que seres huma­nos mue­ran en la nada, muje­res, niños, hom­bres, desola­dos, sin pala­bras, impo­ten­tes antes vallas de cen­te­na­res de kiló­me­tros fabri­ca­das con con­cer­ti­nas made in Spain.

Pobre Euro­pa, la lla­ma­mos el vie­jo con­ti­nen­te y des­pués de 3000 años aún no se ha dado cuen­ta de que la eco­no­mía sólo es un acuer­do entre igua­les que pue­de ser cam­bia­do a volun­tad, el cris­tia­nis­mo sólo es una de las miles de creen­cias espi­ri­tua­les del ser humano, por for­tu­na la piel del ser humano es de muchos tonos des­de hace mucho tiem­po, y los yiha­dis­tas van más cómo­dos via­jan­do en pri­me­ra cla­se de avio­nes y tre­nes que andan­do miles de kiló­me­tros.

Pobre Euro­pa, entre aco­gi­da y mie­do, esco­ge el mie­do, entre soli­da­ri­dad y des­con­fian­za, esco­ge des­con­fian­za, entre dig­ni­dad y deca­den­cia esco­ge deca­den­cia.

Pero aún que­da un rayo de espe­ran­za, cada día mayor, la gen­te común, la gen­te común que se rebe­la con­tra mie­do des­con­fian­za y buro­cra­cia.

Aun­que la muer­te y deses­pe­ra­ción de miles de per­so­nas ya no es noti­cia de pri­me­ra pla­na en los perió­di­cos, algu­nas alcal­de­sas y alcal­des han deci­di­do abrir sus ciu­da­des a la hos­pi­ta­li­dad, ciu­da­da­nos anó­ni­mos se acer­can a cami­nos intran­si­ta­bles para rega­lar bebi­da, ali­men­tos, ropa, jugue­tes.

Cen­te­na­res de per­so­nas ofre­cen a refu­gia­dos sitio en sus casas, y unos cuan­tos cen­te­na­res más reco­gen a refu­gia­dos ham­brien­tos y deses­pe­ra­dos con sus coches par­ti­cu­la­res, arries­gán­do­se a ser mul­ta­dos, para lle­var­les de mane­ra gra­tui­ta y desin­te­re­sa­da a las ciu­da­des con las que sue­ñan o lo más cer­ca de ellas que pue­den.

La gen­te común se orga­ni­za para vigi­lar en sus bar­cos por si alguien cae al agua, hacer lle­gar mapas de los cam­pos mina­dos de Croa­cia o avi­sar de en qué zonas del camino vigi­la la poli­cía a esta gen­te que anhe­la con­ti­nuar con su vida.

Y es que algu­nas per­so­nas, al con­tra­rio que la Vie­ja Euro­pa, eli­gen la dig­ni­dad ante la deca­den­cia.

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