domingo 11 de septiembre de 2011

Mensaje a la Tierra Azul (Masami Saionji)

La tie­rra azul está viva. La tie­rra mís­tica está des­per­tando.

La tie­rra azul está viva. La tie­rra mís­tica está des­per­tando.

La tie­rra azul está viva.
La tie­rra mís­ti­ca está des­per­tan­do.
Mon­ta­ñas, ríos y océa­nos,
Toda la natu­ra­le­za está pul­san­do y dan­zan­do con las vibra­cio­nes de Dios.
Inclu­so las pie­dras, rocas y mine­ra­les
Están res­pi­ran­do len­ta y pro­fun­da­men­te.
Así lo vean otros ó no,
Yo encuen­tro cla­ra­men­te a Dios en luga­res como estos.
Ani­ma­les, plan­tas y peces, inclu­so peque­ños insec­tos
Des­bor­dan con las ale­gres vibra­cio­nes de Dios.
En celes­tial tran­qui­li­dad, el sol bri­lla alre­de­dor.
En terres­tre quie­tud, la tie­rra está des­can­san­do.

Nues­tros cuer­pos y todas nues­tras célu­las están bri­llan­do,
Y todas las cosas vivas están bri­llan­te­men­te lle­nas de vida
Con la gran armo­nía del Uni­ver­so.

Mon­ta­ñas y ríos,
Bos­ques y par­ques
Están bebien­do el bri­llo del sol.
En un cam­po, en una gran­ja, en el cés­ped de un jar­dín,
El amor del sol en abun­dan­cia, le da vida a la natu­ra­le­za.
La gra­cia del amor de Dios, rees­tre­na el futu­ro.

Yo veo a Dios vivien­do en la Natu­ra­le­za.
Los ani­ma­les obtie­nen ali­men­tos de la Natu­ra­le­za,
Jus­to lo sufi­cien­te para man­te­ner sus vidas.
Yo tam­bién encuen­tro a Dios en todos los ani­ma­les.
Adon­de sea que mira­mos,
Si segui­mos miran­do,
Dios apa­re­ce­rá.

Yo ofrez­co infi­ni­ta gra­ti­tud a los ani­ma­les y las plan­tas.
Des­pier­to con una tor­men­ta eléc­tri­ca y una copio­sa llu­via.
Nubes pesa­das cuel­gan sobre la tie­rra.
Un velo de oscu­ri­dad envuel­ve todo.

No es una maña­na de sol.
Sin embar­go, mi cora­zón des­pier­ta bri­llan­te­men­te del plá­ci­do sue­ño,
Y se ele­va al cie­lo.

Yo amo la llu­via. Amo la nie­ve tam­bién.
El aire cáli­do, el vien­to frío, o una ráfa­ga repen­ti­na,
Cada fenó­meno natu­ral es un men­sa­je del cie­lo.

Mis manos natu­ral­men­te se unen en ora­ción,
Cuan­do ofrez­co infi­ni­ta gra­ti­tud a todos los fenó­me­nos celes­tia­les. Sólo enton­ces,
La tor­men­ta eléc­tri­ca sue­na como el can­to de las divi­ni­da­des.
El rugi­do del océano,
El mur­mu­llo de las olas.
El océano nos invi­ta al reino de lo infi­ni­to.
El océano nos guía hacia la eter­na libertad.Eterno mar!
Mar crea­ti­vo!
Mar que flu­yes libre­men­te!
Los rit­mos del mar revi­ta­li­zan nues­tras vidas.

En nom­bre de la huma­ni­dad, yo agra­dez­co a nues­tro que­ri­do mar.
El sol can­ta. El sol cele­bra.
El sol se rego­ci­ja.
El sol es mi alma.
El sol es mi piel.
El sol es mi san­gre.
El sol es mi vida mis­ma.
El sol exis­te pro­fun­da­men­te den­tro de mí,
Así como tam­bién en el cie­lo azul.
Yo te agra­dez­co, que­ri­do sol.

Cuan­do toqué el alma de la Madre Tie­rra,
Ella vibró y me sos­tu­vo en sus bra­zos.
Cal­ma y tier­na­men­te,
Ella me guió hacia la pro­fun­di­dad de su espí­ri­tu.

Mi res­pi­ra­ción se fun­dió en las vibra­cio­nes de la tie­rra.
Fui uno con la Madre Tie­rra.
Esto fue cuan­do esta­ba en el cam­po.
Fue sólo un momen­to, mien­tras esta­ba cami­nan­do a solas.

Des­cu­brí que la tie­rra esta­ba viva.
La tie­rra esta­ba rego­ci­ján­do­se, feliz.

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