jueves 21 de enero de 2010

La colina de la luna

Y subie­ron jun­tos la coli­na de la luna, cogi­dos de la mano y en fer­vo­ro­so silen­cio. En la cima, se sen­ta­ron jun­to al tron­co del vie­jo cere­zo, sus espal­das con­tra la callo­sa cor­te­za, cerra­ron los ojos y sus­pi­ra­ron. El frío géli­do de la noche les aco­gió en sus bra­zos mien­tras mira­ban la luna, blan­ca majes­tuo­sa, redon­da, pre­gun­tán­do­se por qué no habían subido antes a la coli­na de la luna, jun­tos, cogi­dos de la mano, en fer­vo­ro­so silen­cio.

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