lunes 24 de marzo de 2008

Il dolce far niente

Pasado el bochorno empalagoso e insoportable de las horas centrales de los largos días de Agosto, me gustaba subir lentamente, saboreando cada paso, al pequeño banquito de madera que algún obrero mañoso había montado bajo el viejo cerezo en la cima del pueblo.

Y entonces me sentaba, cuando el sol empezaba a teñir de dorados y anaranjados los lejanos picos de la sierra, viendo como la sinfonía de colores, olores y sonidos a mi alrededor iba cesando lenta, muy lentamente. Todo se oscurece poco a poco, un intenso azul noche aflora de las cimas y el frío, escondido hasta pocos minutos antes, empieza a vencer su timidez mientras el sol ofrece un respiro a la reseca tierra.

No hago nada, sólo observo, el todo me inunda, y contemplo la maravilla del universo desde mi rústico asiento.

3 Comentarios a “Il dolce far niente”

  1. una chica de marte

    Poder parar de vez en cuan­do… Sue­na estu­pen­do

  2. Luna Paniagua

    ¡Qué boni­to! Y sí, eso trans­mi­te, paz, tran­qui­li­dad, tiem­po dete­ni­do…

  3. Ignacio de Miguel Diaz

    ¡Muchas gra­cias Luna!

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