martes 9 de octubre de 2007

Escritura

De peque­ño, en el cole­gio, me encan­ta­ba escri­bir, en lugar de aten­der en cla­se, me pasa­ba las horas muer­tas relle­nan­do folios y folios con mi mali­si­ma letra – que aho­ra es aun peor – escri­bien­do poe­sias, cuen­tos, y peque­ños guio­nes para nues­tras par­ti­das de rol jugan­do al D&D. En 5º de EGB recuer­do que salio un peque­ño tex­to mio en el perió­di­co del cole­gio, era una redac­ción sobre Tierno Gal­ván, pue­de que aun con­ser­ve una copia por casa…

Tam­bién recuer­do que escri­bi un poe­ma en ver­sos ale­jan­dri­nos sobre las ent‐mujeres ima­gi­nan­do­me lo que habrían hecho al aban­do­nar a los ent, un cuen­to de cien­cia fic­ción de no recuer­do quie­nes via­jan­do a Saturno (posi­ble­men­te aca­ba­ba de leer 2001 de Art­hur C. Clar­ke), otro sobre un detec­ti­ve fin­lan­des, y otro sobre un vam­pi­ro que aco­gia en su casa al pro­ta­go­nis­ta, alguien que tenia un acci­den­te de coche.

Mis his­to­rias, por supues­to, siem­pre tenían que ver con mis lec­tu­ras, y de hecho, mien­tras mis com­pa­ñe­ros forra­ban sus car­pe­tas de foto­gra­fias de coches depor­ti­vos, y de zapa­ti­llas de depor­te, mis com­pa­ñe­ras de fotos de los Hom­bres G, Dun­can Dhu, Duran Duran, y las mas alter­na­ti­vas de Iron Mai­den, Kiss, o Meta­lli­ca, yo foto­co­pie una ilus­tra­ción del libro de El Cor­sa­rio Negro de Emi­lio Sal­ga­ri, pedí una amplia­ción, y con ella forre mi car­pe­ta, un caos increi­ble de los pocos apun­tes que toma­ba y los muchos tex­tos que escri­bía.

Yo, de ver­dad, inten­ta­ba ser orga­ni­za­do, mi car­pe­ta tenia sepa­ra­do­res ama­ri­llos, y a veces inclu­so con los nom­bre­ci­tos de cada apar­ta­do escri­tos a boli, pero era impo­si­ble, a las pocas sema­nas el caos vol­via a rei­nar.

El caso es que todos esos escri­tos los tiré, no se muy bien por qué, supon­go que no los con­si­de­ra­ba bue­nos en abso­lu­to y siem­pre inten­ta­ba hacer el siguien­te mejor que el ante­rior.

Enton­ces tuve mi pri­mer orde­na­dor, y ahi empe­zo a des­apa­re­cer mi vena escri­to­ra, veía esa caja de metal como un recur­so crea­ti­vo sin pre­ce­den­tes, y me pasa­ba las horas muer­tas pro­gra­man­do, expri­mien­do todo lo posi­ble la capa­ci­dad limi­ta­da de un 80868Mhz. Y mi capa­ci­dad crea­ti­va cam­bio, crea­ba sue­ños elec­tro­ni­cos en vez de escri­tos.

Aho­ra nece­si­to vol­ver a mis orí­ge­nes, escri­bir lo que pue­da, y sacar lo que lle­vo den­tro.

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