Mientras trabajaba con los últimos programas de CAD del mercado, María volvía en su mente a su casa, en Calahorra, su remanso de paz, donde el tiempo iba más despacio, y las tareas eran más llevaderas.
Su infancia había sido feliz, y su salida del hogar necesaria, llega un momento en la vida en que tu espacio vital se queda pequeño y tu vida grande, y los estudios en Madrid la llenaron de un nuevo mundo, de trabajo y estrés por un lado, de nuevos amigos y actividades por otro.
Escritora empedernida de micropensadas, de oído inquieto a las nuevas músicas, María, entre plano y plano, escribía en las alas de los aviones.

