Frecuentemente se tumbaba bajo el viejo árbol. Extendía sus manos abiertas delante de la cara y jugaba a atrapar los rayos de sol entre los dedos, abriendolos y cerrándolos lentamente. Nunca fue consciente de que el árbol, observándolo, movía sus ramas lentamente, jugando con la luz del sol que iluminaba sus manos extendidas.


Muy bueno. Me ha gustado mucho
Gracias, supongo que estás en tus décimas vacaciones del año o algo así…