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Mensaje a la Tierra Azul (Masami Saionji)

La tie­rra azul está viva.
La tie­rra mís­tica está des­per­tando.
Mon­ta­ñas, ríos y océa­nos,
Toda la natu­ra­leza está pul­sando y dan­zando con las vibra­cio­nes de Dios.
Incluso las pie­dras, rocas y mine­ra­les
Están res­pi­rando lenta y pro­fun­da­mente.
Así lo vean otros ó no,
Yo encuen­tro cla­ra­mente a Dios en luga­res como estos.
Ani­ma­les, plan­tas y peces, incluso peque­ños insec­tos
Des­bor­dan con las ale­gres vibra­cio­nes de Dios.
En celes­tial tran­qui­li­dad, el sol bri­lla alre­de­dor.
En terres­tre quie­tud, la tie­rra está descansando.

Nues­tros cuer­pos y todas nues­tras célu­las están bri­llando,
Y todas las cosas vivas están bri­llan­te­mente lle­nas de vida
Con la gran armo­nía del Universo.

Mon­ta­ñas y ríos,
Bos­ques y par­ques
Están bebiendo el bri­llo del sol.
En un campo, en una granja, en el cés­ped de un jar­dín,
El amor del sol en abun­dan­cia, le da vida a la natu­ra­leza.
La gra­cia del amor de Dios, rees­trena el futuro.

Yo veo a Dios viviendo en la Natu­ra­leza.
Los ani­ma­les obtie­nen ali­men­tos de la Natu­ra­leza,
Justo lo sufi­ciente para man­te­ner sus vidas.
Yo tam­bién encuen­tro a Dios en todos los ani­ma­les.
Adonde sea que mira­mos,
Si segui­mos mirando,
Dios aparecerá.

Yo ofrezco infi­nita gra­ti­tud a los ani­ma­les y las plan­tas.
Des­pierto con una tor­menta eléc­trica y una copiosa llu­via.
Nubes pesa­das cuel­gan sobre la tie­rra.
Un velo de oscu­ri­dad envuelve todo.

No es una mañana de sol.
Sin embargo, mi cora­zón des­pierta bri­llan­te­mente del plá­cido sueño,
Y se eleva al cielo.

Yo amo la llu­via. Amo la nieve tam­bién.
El aire cálido, el viento frío, o una ráfaga repen­tina,
Cada fenó­meno natu­ral es un men­saje del cielo.

Mis manos natu­ral­mente se unen en ora­ción,
Cuando ofrezco infi­nita gra­ti­tud a todos los fenó­me­nos celes­tia­les. Sólo enton­ces,
La tor­menta eléc­trica suena como el canto de las divi­ni­da­des.
El rugido del océano,
El mur­mu­llo de las olas.
El océano nos invita al reino de lo infi­nito.
El océano nos guía hacia la eterna libertad.Eterno mar!
Mar crea­tivo!
Mar que flu­yes libre­mente!
Los rit­mos del mar revi­ta­li­zan nues­tras vidas.

En nom­bre de la huma­ni­dad, yo agra­dezco a nues­tro que­rido mar.
El sol canta. El sol cele­bra.
El sol se rego­cija.
El sol es mi alma.
El sol es mi piel.
El sol es mi san­gre.
El sol es mi vida misma.
El sol existe pro­fun­da­mente den­tro de mí,
Así como tam­bién en el cielo azul.
Yo te agra­dezco, que­rido sol.

Cuando toqué el alma de la Madre Tie­rra,
Ella vibró y me sos­tuvo en sus bra­zos.
Calma y tier­na­mente,
Ella me guió hacia la pro­fun­di­dad de su espíritu.

Mi res­pi­ra­ción se fun­dió en las vibra­cio­nes de la tie­rra.
Fui uno con la Madre Tie­rra.
Esto fue cuando estaba en el campo.
Fue sólo un momento, mien­tras estaba cami­nando a solas.

Des­cu­brí que la tie­rra estaba viva.
La tie­rra estaba rego­ci­ján­dose, feliz.

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ORACIÓN DEL INICIADO (KWAN YIN)

Yo soy la luz del mundo,
yo soy un ser que ha venido de la luz,
vive en la luz, y crea la luz.

A donde quiera que voy,
yo soy las manos de Dios tra­ba­jando en la tie­rra,
y soy ins­pi­rado por la Volun­tad Divina.

Soy impul­sado por fuerza divina
y estoy tra­ba­jando en El Plan Divino.
Soy un miem­bro activo de La Her­man­dad Blanca,
y estoy apo­yado por todos los miem­bros de la Jerar­quía,
y estoy tra­ba­jando en un pro­yecto espe­cí­fico de la Jerarquía.

Yo soy parte del nuevo grupo de ser­vi­do­res del mundo,
yo soy parte de una cadena de amor y de buena volun­tad
que se extiende por todos los rin­co­nes del planeta.

Yo soy la punta de lanza para la lle­gada a La Tie­rra
de los Maes­tros de la Jerarquía.

Yo soy una antena cós­mica que se abre hasta el infi­nito
para reci­bir las ben­di­cio­nes del Altísimo.

Yo soy un emi­sor de todas esas ener­gías que estoy reci­biendo,
para mul­ti­pli­car­las por donde quiera que vaya
y hacer­las lle­gar a los luga­res más inusitados.

Yo soy la pala­bra que sana, las manos que ayu­dan,
los pies que diri­gen, la mirada que salva.

Yo soy el micro­cos­mos en acción,
soy la red que comu­nica al hom­bre con Dios,
soy el vínculo de fra­ter­ni­dad en donde se fun­den todos los seres humanos.

Yo soy la luz del mundo, el ani­qui­la­dor de la obs­cu­ri­dad y la con­fu­sión,
el gue­rrero de la luz, el que alum­bra sin dar som­bras,
la roca firme en donde se apo­yan las embar­ca­cio­nes de la vida.

Yo soy la son­risa que alienta, el abrazo que con­suela,
y soy el hijo de Dios en la tierra.

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MARÍA LA ESCRITORA DE AVIONES

Mien­tras tra­ba­jaba con los últi­mos pro­gra­mas de CAD del mer­cado, María vol­vía en su mente a su casa, en Calaho­rra, su remanso de paz, donde el tiempo iba más des­pa­cio, y las tareas eran más llevaderas.

Su infan­cia había sido feliz, y su salida del hogar nece­sa­ria, llega un momento en la vida en que tu espa­cio vital se queda pequeño y tu vida grande, y los estu­dios en Madrid la lle­na­ron de un nuevo mundo, de tra­bajo y estrés por un lado, de nue­vos ami­gos y acti­vi­da­des por otro.

Escri­tora empe­der­nida de micro­pen­sa­das, de oído inquieto a las nue­vas músi­cas, María, entre plano y plano, escri­bía en las alas de los aviones.

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Robert A. Heinlein (1907-1988)

Un ser humano debe­ría ser capaz de cam­biar un pañal, pla­near una inva­sión, des­pie­zar un cerdo, ensam­blar una barca, dise­ñar un edi­fi­cio, escri­bir un soneto, hacer un balance, levan­tar una pared, expre­sarse en otro idioma, remen­dar un hueso roto, con­for­tar a un mori­bundo, obe­de­cer órde­nes, dar órde­nes, coope­rar, actuar en soli­ta­rio, resol­ver ecua­cio­nes, ana­li­zar un nuevo pro­blema, espar­cir estier­col, mane­jar un orde­na­dor, coci­nar una comida sabrosa, sufrir con ente­reza y luchar eficientemente.

La espe­cia­li­za­ción es para los insectos.

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primitive